Cuando la política se convierte en secta

La Opinión de Zamora

Generaciones de escolares han sido adoctrinados en una animadversión visceral hacia todo lo que suene a España

upl-unicaDesde la Transición hasta 1996 el Gobierno Central transfirió a las Comunidades Autónomas competencias hasta entonces exclusivas del Estado. Descentralizó casi todo, desde la recaudación tributaria hasta la sanidad o la educación con la convicción, ahora sabemos que equivocada, de que se iban a gestionar mejor desde las autonomías.

Uno de los grandes errores que se cometieron fue transferir la educación, ya que al ser la llave del desarrollo social, democrático y económico del país, no puede estar a merced de los avatares políticos de los gobernantes autonómicos de turno. Un modelo único para todos que contemple la diversidad, con acceso, gestión y desarrollo uniforme dentro del Estado Español es la base del respeto y de la igualdad de oportunidades, independientemente del lugar donde se aplique. Claro que la pobreza de miras de los distintos gobiernos centrales que quisieron dejar su impronta imponiendo políticas educativas sin llegar a consensos sólidos, tampoco ayudó a crear un clima adecuado para unificar las políticas educativas que se iban aplicando en cada comunidad.

No es ninguna novedad afirmar que hay autonomías que juegan en ligas distintas y por lo tanto las diferencias en cuanto a la disposición de recursos educativos entre ellas son palpables. El éxodo de estudiantes buscando la excelencia educativa, y el menor coste económico es muy notable. Por todo esto, la enseñanza como vehículo imprescindible de la educación no es tan universal como todos desearíamos dentro de nuestra querida España, al estar condicionada por los recursos y por la ideología partidista de los gobernantes locales, acentuándose los efectos diferenciadores en cada territorio donde se aplique.

Es lamentable que el Estado haya propiciado con su dejadez y por no rectificar a tiempo que políticas educativas, como la catalana, estén imponiendo entre sus ciudadanos el nacionalismo más rancio y sectario que ha sufrido Europa desde la crisis en los Balcanes. Generaciones de escolares han sido adoctrinados en una animadversión visceral hacia todo lo que suene a España y cuyas consecuencias estamos pagando ahora.

Algunos pensarán que esto es exagerado o magnificado por la situación política que estamos viviendo, pero no es casualidad que un Juzgado de La Seo de Urgel admita a trámite la primera denuncia contra un colegio de la localidad por delitos de odio, en el que presuntamente están implicados el director y tres profesores. Esto sería impensable si el Gobierno Central no hubiera hecho dejación de funciones favoreciendo que el adoctrinamiento político se anclara en el sistema educativo catalán.

Es muy alarmante, igualmente, que algunos partidos políticos para conservar su cuota de poder se estén convirtiendo en auténticas sectas, donde el líder es el que manda y el resto son sus súbditos. En estos grupos no se admite la discrepancia política y aquel afiliado que rompa la disciplina del partido es apartado y denigrado socialmente. Llegan incluso a convertir en enemigos irreconciliables a aquellos ciudadanos que no están de acuerdo con sus ideas, hasta tal punto que son señalados socialmente para escarnio del populacho.

El golpe de estado dado por Puigdemont marca un punto de inflexión en la política española, por lo que es importante reconducir la situación hacia la legalidad y el respeto a las Instituciones lo antes posible y no demorar las reformas estructurales que están demandando los ciudadanos.

No podemos permitirnos otro circo de este tipo, que convierta a España definitivamente en una república bananera. La sociedad española se ha ganado a pulso un prestigio en el mundo que podría perderse si no se reconduce pronto la situación, ya que el enfrentamiento entre sociedades produce desconfianza y frena en seco todo tipo de progreso.

¿Qué monstruo se ha desatado ahora para que cientos de jóvenes se lancen a la calle pidiendo el fin de la opresión y reclamando libertades? Yo estaba convencido que esto en mi país era algo superado, pero si hay alguien que lo reclama es porque, o bien no son conscientes de lo que dicen, o realmente algo pasa. Cuestiones graves que la clase política una vez más no ha sido capaz de resolver.

La inoperancia de los distintos gobiernos de la nación y la manipulación ejercida por los partidos independentistas jugando sectariamente con los sentimientos de la gente, están consiguiendo una desafección aún mayor entre la sociedad civil y los dirigentes políticos. Hay que utilizar mucha pedagogía para que las mentes radicalizadas de todo signo ideológico vuelvan a la senda de la tolerancia y a la convivencia pacífica. Dudo que con los dirigentes que tenemos actualmente esto se consiga.